lunes, 12 de abril de 2010

Paso a Paso (II)

El lunes santo contó con la ya esperada estación de penitencia de las nubes borrascosas, que ya es penitencia, junto a las siempre temidas isobaras que, quién sabe, formaron un vivo cuerpo de nazarenos con el fin de que el más Humilde de los Humildes, no tuviera que perderse por entre los enrejados olivos buscando el aliento divino para soportar todo el peso de la ingratitud.

El Señor del sudor sanguinolento, el de la suplicante mirada clavada en el cielo esperando un milagro y arropado por todos sus fieles, no pudo recorrer las calles, no por la siempre temida lluvia que caía como aliada de un largo y tedioso invierno.

Que no. Que no fue la lluvia la que nos impidió que nuestras pupilas se impregnaran de oraciones. Era, simplemente, que Dios, estaba llorando a lágrima viva para que su Hijo, el de este y del otro mundo, no tuviera que pasar el mal trago de pedir clemencia.

Que no. Que no era lluvia. Era el llanto desgarrado de quien, desde su glorioso cielo, quiso demostrarnos que, la carne de su carne, le dolía en lo más profundo de su ser.

Mientras tanto, la Mujer que lo tuvo en sus entrañas, y a pesar de no poder ocultar su Dolorosa pena, sintió el alivio de quienes a su lado, compartían el mismo dolor.

No fue, aunque pudiera parecer lo contrario, una noche triste de lunes santo sin santos en la calle. En todo caso, una clara y manifiesta demostración de que el cielo existe y que Dios, nuestro verdadero Dios que tanto y tanto nos ama, nos quiso hacer ver que las gotas de lluvia que empapaba, no solo las calles, sino nuestros corazones, era el llanto desconsolado de un maravilloso Padre que, haciendo de tripas corazón, quiso aliviar el dolor de su Hijo predilecto.

Que no. Que el lunes santo no llovió. Tan solo que Dios no pudo reprimir el sentimiento que el embargaba. No solo por Cristo, también por todos nosotros.

Gabriel Enrique Sardina Sánchez

4 comentarios:

Isabel dijo...

No puedo remediarlo, si dijera que no espero con ansias tus artículos en el blog de mi marido mentiría, y eso no me gusta. Me ha encantado como siempre; tienes la virtud de hacer vibrar con tu siempre buena letra. Sigo dando gracias a Dios por haberte devuelto a tu sitio, a tu casa y a tu gente. Gracias Gabriel, por hacerme que los días que restan hasta la próxima S. Santa sean días también de gozo. No olvides nunca lo que siempre te decimos y que tú sabes ..., Cuídate PREGONERO . Isabel Oliveira ( Eterna amiga )

Gabriel Enrique dijo...

Gracias. Isa.

JuanFra Oreja dijo...

Quillo, actualiza, actualiza, que noto esto muy parao.jajaja.
Un abrazo.

Pasión El Niño Costalero dijo...

agustin saludos y atu mujer oye solo felicitaros por la foto k aveis echo pa el blog de la asociacion en especial las dos k salgo siempre quedara en mi recuerdo y una cosa no te importaria ponerme en la lista de tu blog gracias amigo y ermano costalero k dios os guie por el camino

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