martes, 6 de abril de 2010

Paso a Paso (I)

El sol de una primavera recién cocida en los alfares del cielo, se asomó tímidamente al balcón reluciente de San Roque, para obsequiarnos con la luz cegadora de una Virgen guapa y de un Hombre que entraba triunfalmente en el Jerusalén pacense.

El Domingo de Ramos, aún sin estrenar, como mandan los cánones añejos y sin que se nos cayeran las manos, se llenó de gloria. La misma de siempre pero distinta a la vez. Una gloria esperada por los que, quizás un poco pesimistas, sabemos que es el principio del final.

Cruz de guía dorada y reluciente, aletear de palmas inclinadas a los vaivenes del paso, a veces sereno, de unos jóvenes nazarenos y nazarenas que se merecen un cambio radical en las túnicas con las que se revisten cada año. La multiplicación de tonalidades y los desmesurados antifaces sobrados de tela, manos sin guantes, calzado nada adecuados es algo que tiene que empezar a plantearse la Junta de Gobierno de la Hermandad, tras haber acometido la nada fácil tarea de poner cada año en la calle dos magníficos tronos.

El vestidor de las Sagradas Imágenes, ha sabido darle un aire nuevo a cada uno de los dos pasos, mereciendo un sobresaliente al desposeer a Cristo Rey de sus potencias y ataviarlo al modo hebreo. Con respecto a la Virgen de la Palma sobra cualquier comentario. Su belleza de mujer sanroqueña traspasa el corazón de quienes la contemplan bajo su soberbio palio. Magnífica entrada en la Carrera Oficial (a la que habrá que dedicar un capítulo aparte) a los sones de las dos excelentes bandas que, con un amplio y selecto repertorio, hicieron posible que los costaleros sin costal, se entregaran con fe a su siempre dura y dolorosa labor. Costaleros, por cierto que, en su gran mayoría, rondan la madurez y que, por si fuera poco, también ponen la cerviz el resto de la semana santa llenando de emoción las calles pacenses, muchos de ellos pertenecientes a la Asociación de Costaleros y Capataces “San José” de Badajoz.

Como era de esperar en tan esplendoroso día, la ciudad congregó a una ingente multitud ávida de Semana Santa y a todo un barrio que, tanto a la salida como a la recogida, en este último caso con toda la candelería encendida como así mismo los guardabrisas del misterio, quisieron estar cerca de las imágenes en las que tienen depositadas su fe, que no es poco tal como andan los tiempos últimamente.

Si la memoria no me la juega, quiero recordar que la Cofradía de la Entrada Triunfal de Cristo en Jerusalén, Santísimo Cristo de la Paz y Nuestra Señora de la Palma, fue la primera que propuso a las camareras vestir la típica mantilla española, algo hoy en día habitual en otras hermandades. Sin embargo, esta exquisita y elegante prenda, se ve empañada con el adorno floral que, querámoslo o no, rompe toda la estética. Con la medalla de la Cofradía es más que suficiente. No se puede olvidar que se trata de una estación de penitencia y no de un festejo taurino, por lo tanto, esos reventones claveles rojos están sobrando. Por otra parte, tanto la peineta como la mantilla (a la que dedicaremos, como no, otro extenso capítulo), se debe de lucir el Jueves Santo mientras que se visitan los sagrarios. Con esto queda suficientemente claro que se puede presidir el paso de palio con un atuendo acorde con la celebración, siempre de color negro, y repito, con la medalla de la corporación.

Por lo demás, un domingo inolvidable, irrepetible. Dios y su Madre de la Palma salieron a la calle para ofrecernos su infinito mensaje de amor.

Gabriel Enrique Sardina Sánchez

1 comentarios:

Isabel dijo...

Cada día estoy más convencida que nunca debiste irte, o al menos alejarte de Badajoz. Buena visión y opinión del Domingo de Ramos, no esperaba menos de tí, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Sin lugar a dudas el Palio de Ntra. Sra. de la Palma es uno de los mejores que procesionan en la S. Santa de Badajoz.

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